El 14 de noviembre de 1904, en una pequeña casa de Edgbaston, Inglaterra, murió Mabel Suffield tras pasar seis días en coma diabético. A penas tenía 34 años de edad y dejaba huérfanos a dos hijos: Hilary Arthur Reuel Tolkien de 10 años y John Ronald Reuel Tolkien de 12. Para el Profesor Tolkien la memoria de su madre siempre estaría envuelta en dos sentimientos contradictorios: la cálida ternura de su recuerdo y el frío desconsuelo de su muerte prematura.Mabel nació en Yardley, Warwickshire, en enero de 1870 en el seno de una conservadora familia anglicana. Su padre era John Suffield Jr y su madre Emily Jane Sparrow. El nombre de sus hermanos no está tan claro. Según algunos censos de la época, habría tenido hasta seis hermanos: John, Roland, Edith May, Emily Jane, William y Rose, esta última murió en 1886 cuando apenas tenía siete años. Sin embargo, autores como F. Schneidewind sólo mencionan a dos hermanas: Beatrice Suffield y Jane Neave. Esto podría deberse a confusiones con el nombre de casadas de algunas de las esposas de sus hermanos.
La fe de su familia la llevaría desde muy joven a África, en donde fue misionera cuando aún no había cumplido los 20 años. Según algunas biografías, este período lo habría pasado en la isla de Zanzíbar, en la costa índica de Tanzania.
A su regreso a Inglaterra conoció a Arthur Reuel Tolkien, un empleado bancario 14 años mayor que ella. Pronto se enamoraron y se comprometieron en 1888. Pero esta relación fue censurada por el padre de Mabel, quien no veía futuro en Arthur. Buscando mejorar su posición ante los ojos de John Suffield, Arthur acepta un puesto en el Banco de África y es enviado a fines de 1890 como director de la filial de Bloemfontein, capital del Estado Libre de Orange (actual Sudáfrica) en donde se había descubierto recientemente grandes yacimientos de oro y diamantes. A pesar del nuevo cargo de su prometido, Mabel no obtiene el permiso de su padre para casarse, por lo que decide dejar Inglaterra sin el consentimiento paterno y encontrarse con Arthur en África. En marzo de 1891 desembarca del vapor Roslin Castle y el 16 de abril contrae nupcias en la Catedral de Ciudad del Cabo en Bloemfontein.
El 3 de enero del año siguiente nace su primer hijo: John Ronald Reuel Tolkien. El 17 de febrero de 1894 nace Hilary. Aunque la pareja se sentía bien en Bloemfontein, el calor excesivo y la falta de humedad afecta negativamente a los pequeños. Mabel le pide a su marido volver a Inglaterra, pero este no puede dejar su puesto inmediatamente, por lo cual Mabel y los niños tienen que regresar solos en abril de 1895 a bordo del SS Guelph.
Mabel se instala en casa de su hermana Jane en Birmingham mientras espera el regreso de su marido. Sin embargo, este regreso nunca se da. Arthur cae víctima de una fiebre reumática y hemoptisis. Mabel decide viajar a Bloemfontein para cuidar a su esposo, pero antes que pueda embarcarse recibe un comunicado que le informa el fallecimiento de Arthur el 14 de febrero de 1896. Con tan sólo 26 años Mabel se encuentra viuda y con dos niños pequeños de los cuales hacerse cargo.
Decide rentar una casa pequeña en la localidad rural de Sarehole, en las afueras de Birmingham, mientras encuentra la manera de sacar adelante a su familia. Los siguientes cuatro años los niños Tolkien son educados por su madre en botánica y literatura. Aprenden a leer y escribir y comienzan a estudiar algunos clásicos literarios. Sopesando sus posibilidades económicas Mabel se da cuenta que la única opción para que sus hijos tengan una buena educación es si ganan una beca en algún centro de estudio.En 1900 Mabel y su hermana May se convierten al Catolicismo, lo cual las pone en franca oposición a las creencias de su familia. Si bien la situación económica de los Tolkien no era buena, esta empeora al perder Mabel el apoyo familiar. A finales de ese año deben mudarse a Moseley, a una casa que el Profesor Tolkien siempre va a recordar como “horrorosa”. Tolkien logra ingresar al King Edward VI School, pero por motivos económicos tiene que abandonarlo al poco tiempo. Nuevamente la familia se muda en 1901. Esta vez a una casa detrás de la estación de trenes King´s Heath. Mabel se ve obligada a inscribir a Tolkien en el colegio St. Phillips, cerca del Oratorio de Birmingham, en el suburbio de Edgbaston, y a principios de 1902 la familia se muda a una pequeña casa al lado del colegio.
En el Oratorio, Mabel conoce a quien se va a convertir en su gran ayuda y consejero: el sacerdote Francis Xavier Morgan, quien se siente afligido ante la situación económica de la viuda y sus hijos y decide ayudarla económicamente.
Para Mabel lo más importante es la educación de sus hijos, pues ve en ella la única posibilidad para que la familia salga adelante. Sin embargo, se siente sumamente disconforme con el nivel de enseñanza que recibe Tolkien en el St. Phillips. Al poco tiempo lo retira y decide darle ella misma lecciones en casa. Al lado de su madre Tolkien aprende latín, griego, matemáticas y literatura romántica. Mabel dedica varias horas al día a preparar las lecciones y repasarlas junto a sus hijos.En 1903 Tolkien consigue una beca en el King Edward. Mabel escribiría que aquel logro de su hijo le parecía una señal de que los malos tiempos comenzaban a disiparse.
Pero no es así. A principios de 1904 los dos muchachos contraen sarampión y luego tosferina. Hilary, además, también se enferma de pulmonía. Debilitada por las largas horas en vela cuidando a sus hijos, Mabel termina en el hospital en donde se le diagnostica diabetes, una enfermedad mortal en esa época. Angustiada por el futuro de sus hijos, Mabel le pide al padre Francis que se haga cargo de la educación de ellos como su tutor, pues no desea dejarlos al cuidado de sus abuelos protestantes.
El padre Francis accede. Además, consigue una pequeña casa de campo en Rednal propiedad de la Iglesia para que la familia Tolkien pase allí algunos días y Mabel pueda descansar. Ella aprovecha para estar junto a sus hijos el mayor tiempo posible. A su regreso a Egbaston, Mabel sufre un colapso en su salud y cae en coma diabético. Seis días después fallece.
La vida de Mabel Tolkien fue una vida llena de sufrimiento y sacrificio, siempre procurando la mejor educación para sus hijos con la cual asegurarles el futuro. El Profesor Tolkien siempre recordaría eso. Su apego tan fuerte a sus creencias católicas se puede explicar a través de su percepción de que la muerte de su madre se debió en gran parte al abandono del que fue objeto por parte de su propia familia debido a su religión. Para Tolkien la ayuda económica que sus abuelos le negaron a Mabel hubiese impedido las pobres condiciones de vida que aceleraron la aparición de la enfermedad.Dentro de su obra, el Profesor creó muchos personajes que reflejaban a su madre. Morwen, la madre de Túrin Turambar, y Théodwyn, la madre de Éomer y Éowyn, son sólo dos de los casos más notorios. Ambas se convirtieron prematuramente en viudas y ambas tuvieron que tomar decisiones fundamentales para el futuro destino de sus hijos.
Pero quizás el personaje más notorio fue Gilraen, madre de Aragorn II Elessar. Al igual que Mabel, Gilraen tuvo que enfrentarse a la oposición de su padre para poder casarse con Arathorn II, quien murió apenas dos años después del nacimiento de Aragorn. Gilraen optó entonces por establecerse en Rivendel, en donde buscó el apoyo de Elrond para educar a su hijo.
A través de todas estas mujeres de hierro, Tolkien plasmó la admiración que siempre sintió por su madre, quien se sacrificó para que él pudiese llegar a ser el gran hombre que fue.
Los Tolkien planeaban quedarse por tres o cuatro semanas, para lo cual el Profesor alquiló una casita que había pertenecido al administrador de correos local y que se encontraba en lo alto de un acantilado desde donde se podía ver la playa y el mar. El espectáculo natural de aquel alejado rincón encantó a los niños. John en particular quedó fascinado con la aparición de la Luna Llena sobre el mar. Al Profesor le gustaba pasear por la playa junto con John y Michael, quien siempre llevaba su perrito de plomo a todo lado.
En la introducción al libro también se menciona lo extraño de esta cita, pues deja pensar que fue John y no Michael quien mostró más interés en la historia. A Tolkien le encantaba esta manera episódica de narrar porque les permitía a sus hijos retroalimentar la historia. El mismo diario de Tolkien es confuso en las acotaciones que hace con respecto a su viaje a Filey, pues el Profesor no llevó su diario al viaje y todas las referencias fueron escritas mucho después del regreso.
En la versión de Minotauro aparecen las cuatro ilustraciones de Tolkien: El Dragón Blanco persigue a Roverandom y al Perro de la Luna, dedicada a John Tolkien; Casa donde Rover empezó sus aventuras como juguete, dedicada a Christopher Tolkien; Jardines del Palacio de Merking; y otro dibujo sin nombre en el que aparece Rover llegando a la Luna en la gaviota Mew. (También aparece un paisaje lunar que está fechado en 1925 y que quizás fue pintado durante las vacaciones en Filey.)
Como último detalle hay que destacar el uso de palabras “complicadas” dentro de esta historia infantil. La razón de esto es muy sencilla: para el Profesor Tolkien el idioma era algo tan hermoso y tan lleno de vida que no creía que existieran palabras que debieran negárseles a los niños sólo por parecer demasiado elaboradas. Más bien todo lo contrario: es obligación de todos los padres enseñar nuevas palabras a sus hijos constantemente para que ellos forjen un amor por el léxico. Como escribió en abril de 1959:
Sus inicios se remontan a la región de Lindon después de la Guerra de la Cólera. Allí se congregaron los elfos y hombres que huyeron de la destrucción de Beleriand al final de la Primera Edad. Los vestigios de las tres míticas casas de los Edain eran guiados por los dos hijos de Eärendil: Elrond y Elros. Sin embargo, con la decisión de Elrond de formar parte del Destino de los Eldar, los hombres quedaron bajo el liderazgo supremo de Elros.

Si bien es cierto este fue el fin de Númenor, no fue el final de la sangre numenoreana, pues esta logró sobrevivir en los Elendili que habían huido a Tierra Media. Y entre estos estaban Elendil, último Señor de Andúnië, y sus hijos Isildur y Anárion, quienes habían zarpado de Rómenna liderando nueve barcos poco antes que zarpara la armada de Ar-Pharazôn hacia Valinor. Todos los barcos lograron llegar a Tierra Media y en uno de ellos Isildur llevaba un retoño de Nimloth que había logrado salvar antes que el Árbol Blanco fuese talado y quemado.


Rohan y sus Antepasados
Los Hobbits y la Importancia de un Apellido

Pero la guerra aún no había mostrado lo peor. A mediados de 1916 Alemania lanza una ofensiva sobre Verdún y avanzan hacia el Somme. El ejército británico bombardea las posiciones enemigas para detener el avance. La contraofensiva se completa con la aparición de una novedosa arma aliada: los tanques de guerra. La imagen de estos enormes vehículos blindados capaces de avanzar destruyendo las posiciones defensivas y disparando su cañón indiscriminadamente provoca el terror entre los soldados. Esta sensación será plasmada por Tolkien en sus obras con la aparición de los dragones de Melkor en los frentes de batalla de Beleriand.
“Todos muertos, todos putrefactos. Elfos y hombres y orcos. La Ciénaga de los Muertos. Hubo una gran batalla en tiempos lejanos, sí, eso le contaron a Sméagol cuando era joven, cuando yo era joven y el Tesoro no había llegado aún. Fue una gran batalla. Hombres altos con largas espadas, y Elfos terribles, y orcos que aullaban. Pelearon en el llano durante días y meses delante de las Puertas Negras. Pero las ciénagas crecieron desde entonces, engulleron las tumbas; reptando, reptando siempre.” (El Señor de los Anillos, Las Dos Torres, A Través de las Ciénagas)

La última carta fue entregada a la familia Tolkien en 1943 y estaba dedicada a Priscilla, quien en ese entonces tenía 14 años (John tenía ya 26 años, Michael 23 y Christopher 19). En ella, el Hombre de Navidad les pide a los Tolkien que nunca olviden cómo soñar y que dediquen cada momento de sus vidas a hacer el bien. Mediante un mensaje de esperanza les dice que a pesar de todo lo malo que puede estar ocurriendo en el mundo (la Segunda Guerra Mundial se extendería aún por otros dos años) nunca se debe perder la capacidad de creer en un mejor futuro. Por último se despide afirmándoles que no deben sentir preocupación por él y sus amigos, “pues el Polo Norte está muy lejos de las guerras de los hombres, y el viejo Oso Polar siempre mantendrá a raya a los duendes bribones”.
En las versiones fílmicas de Peter Jackson, el equipo de producción consideró que este relato era de gran importancia por ser un sueño del propio Tolkien. Sin embargo, los guionistas no supieron donde colocarlo para que funcionara dentro de la trama de la película. Es por ello que sólo aparece en la versión extendida de El Retorno del Rey, y sus protagonistas ya no son Faramir y Eowyn, sino Eowyn y Aragorn, además de que quien tiene el sueño es ella. 
En el “Libro de Enoc” (uno de los llamados textos apócrifos judíos), se dice que el diluvio fue enviado por Dios no sólo para castigar a los hombres por sus malas obras, sino también a un grupo de ángeles rebeldes conocidos como Vigilantes, quienes habían engendrado con mujeres una estirpe de terribles gigantes llamados Nephilim.
Se podría afirmar que la historia de la gran ola destructora no era solamente un sueño recurrente de Tolkien, sino también de toda la humanidad a lo largo de los siglos. Y al igual que los héroes de Tolkien en la Tercera Edad, todos nosotros en algún momento nos hemos sentido nostálgicos por esas historias antiguas de grandes continentes perdidos e inundaciones de proporciones inimaginables que nos hacen estremecer en nuestros sueños. Quizás un recuerdo en nuestro inconsciente colectivo de la hermosa y lejana Atalantë.