En el verano de 1925, Michael Tolkien (quien entonces tenía tan sólo cinco años) perdió en la playa de Filey su juguete preferido: un perro en miniatura hecho de plomo y pintado en blanco y negro. Este sería el origen de uno de los cuentos infantiles más hermosos escritos por el Profesor Tolkien, para quien sus hijos eran su más grande tesoro y mayor fuente de inspiración. La historia de cómo fue escrito Roverandom nos permite asomarnos dentro de la cálida pero apartada vida de la familia Tolkien y, sobre todo, en la hermosa relación creativa que J R R Tolkien mantenía con sus cuatro hijos.El nacimiento de Roverandom no es un caso aislado. Tal vez una de las creaciones más emblemáticas inspiradas por los hijos de Tolkien ha sido Tom Bombadil, el cual nace como una forma de salvar al poco querido muñeco holandés que el Profesor había regalado a Michael pero que apareció un día dentro del inodoro “de manera misteriosa”. También podemos ver a Christopher, tercer hijo del Profesor, ayudando a su padre a crear y cartografiar el vasto mundo de Tierra Media.
Pero volvamos a la historia del perrito Rover. En el verano de 1925 John (primero de los hijos Tolkien) tenía ocho años, Michael rondaba los cinco, Christopher tenía menos de un año y Priscilla… Bueno, a Priscilla aún le faltaban cuatro años para aparecer en esta historia. El Profesor Tolkien era un padre de familia de poco más de treinta años y acababa de ser nombrado profesor de anglosajón en Rawlinson y Bosworth, Oxford, manteniendo su empleo anterior en la Universidad de Leeds. Tolkien siempre fue un hombre de familia y aunque estaba encantado con su nombramiento, también entendía que esto significaría apartarse un poco del hogar durante algún tiempo, mientras lograba estabilizarse en su nuevo puesto. Quizás fue su deseo de recompensar a sus hijos por las largas horas que no les podría dedicar como antes por lo que decidió llevarse a toda su familia a la playa de Filey, en la costa de Yorkshire, lugar que aún hoy es muy popular entre los turistas.
Los Tolkien planeaban quedarse por tres o cuatro semanas, para lo cual el Profesor alquiló una casita que había pertenecido al administrador de correos local y que se encontraba en lo alto de un acantilado desde donde se podía ver la playa y el mar. El espectáculo natural de aquel alejado rincón encantó a los niños. John en particular quedó fascinado con la aparición de la Luna Llena sobre el mar. Al Profesor le gustaba pasear por la playa junto con John y Michael, quien siempre llevaba su perrito de plomo a todo lado.
En uno de estos paseos, el niño puso su perrito sobre la arena para poder jugar con su hermano mayor a lanzar guijarros al mar, pero al volver a la casa, la excitación del momento lo hizo olvidar su juguete en la playa. A pesar que Tolkien y sus hijos lo buscaron durante dos días seguidos, el perro nunca fue encontrado. Ante el continuo llanto del pequeño, el Profesor comienza a idear una explicación a la desaparición que pueda consolar a su hijo.
El primer bosquejo de esta narración nos cuenta la historia de Rover, un perrito de verdad que tras morder al brujo Artajerjes es convertido en juguete. Luego es comprado por un niño muy parecido a Michael, perdido en la playa y enviado por el hechicero de la arena Psámatos Psamátides a vivir extraordinarias aventuras en la Luna y en el fondo del Mar.
Lo más seguro es que este relato se contara en partes, como era usual en el Profesor Tolkien, ante un público formado por su esposa y sus hijos. Esto lo podemos concluir gracias a una breve entrada de su diario citada en la Introducción de Roverandom (edición de Minotauro, 1998):
“Se terminó el cuento de Roverandom, escrito para divertir a John (y a mí mismo a medida que fue creciendo)”.
En la introducción al libro también se menciona lo extraño de esta cita, pues deja pensar que fue John y no Michael quien mostró más interés en la historia. A Tolkien le encantaba esta manera episódica de narrar porque les permitía a sus hijos retroalimentar la historia. El mismo diario de Tolkien es confuso en las acotaciones que hace con respecto a su viaje a Filey, pues el Profesor no llevó su diario al viaje y todas las referencias fueron escritas mucho después del regreso.
Poco después de la pérdida de Rover, la costa de Filey fue azotada por una poderosa tormenta. Posiblemente Tolkien aprovechó el terrible clima para narrar historias a sus asustados hijos. El recuerdo de esta tormenta está presente en Roverandom cuando Rover (llamado Roverandom por el Hombre de la Luna para diferenciarlo de su propio perro Rover) y el perro del mar despiertan a la gran serpiente marina:
“Y era tal el alboroto que a lo largo de todas las costas del mundo la gente pensaba que el mar rugía con más fuerza que de costumbre. ¡Así era! Y la serpiente de mar seguía revolviéndose todo el tiempo, intentando obsesivamente llevarse la punta de la cola a la boca”. (Roverandom)
Incluso John Tolkien recordaría ya siendo adulto cómo la historia de Rover comenzó a ser contada durante aquella tormenta para calmarlos y hacerlos olvidar el rugido del viento y las olas que golpeaba el acantilado donde estaba la casa donde se alojaban.
Pero la versión escrita de este cuento es muy posible que no se escribiera hasta dos años después. No existe un manuscrito fechado que nos permita saber de cuándo datan las primeras versiones de Roverandom, pero sí varios dibujos fechados todos en septiembre de 1927. En ese año la familia Tolkien volvió a vacacionar cerca de la playa, esta vez en Lyme Regis. Todos los dibujos fueron creados a partir de Roverandom, por lo que es creíble que Tolkien los hiciera para ilustrar la historia que estaba plasmando por fin en papel, inspirado quizás por la brisa marina de Lyme Regis que le recordó las vacaciones de 1925.
En la versión de Minotauro aparecen las cuatro ilustraciones de Tolkien: El Dragón Blanco persigue a Roverandom y al Perro de la Luna, dedicada a John Tolkien; Casa donde Rover empezó sus aventuras como juguete, dedicada a Christopher Tolkien; Jardines del Palacio de Merking; y otro dibujo sin nombre en el que aparece Rover llegando a la Luna en la gaviota Mew. (También aparece un paisaje lunar que está fechado en 1925 y que quizás fue pintado durante las vacaciones en Filey.)
Otra razón para pensar que 1927 fue el año en que Tolkien escribió Roverandom es la aparición del Hombre de la Luna en Las Cartas del Hombre de Navidad de ese año, como invitado de Papá Noel en el Polo Norte.
Roverandom tiene muchas referencias interesantes a otras obras de Tolkien, incluyendo la Tierra Media. Durante uno de los largos paseos de Rover junto a la vieja ballena Uin se describe una tierra abrumadoramente familiar:
“…después atravesaron los Mares Sombríos y llegaron a la Gran Bahía del País Hermoso (como lo llamamos), más allá de las Islas Mágicas; y contemplaron el último Occidente de las Montañas del Hogar de los Elfos y la luz de Faëry sobre las olas. Roverandom creyó ver un retazo de la ciudad de los Elfos en la colina verde debajo de las Montañas, un destello blanco en la lejanía…” (Roverandom)
En 1936 Tolkien le presentó Roverandom a su editor Stanley Unwin aprovechando el entusiasmo de este por la pronta publicación de El Hobbit. Aunque la historia pasó el visto bueno del joven hijo de Unwin, Rayner (quien también había aprobado El Hobbit), nunca llegó a publicarse. Algunos sostienen que el éxito de la historia de Bilbo Bolsón y la petición de la editorial de una continuación habría sido la razón del olvido del pobre Roverandom en una gaveta.
Fue hasta 1998, 70 años después de su creación, cuando la editorial Harper Collins le sacudió el polvo a la historia y la publicó, editada por Christina Scull y Wayne G. Hammond, autores también de Tolkien: Artista e Ilustrador, obra que enfoca la creación pictórica poco conocida del Profesor Tolkien. Esta edición (traducida al español por Minotauro también en 1998) no sólo trae el relato de Roverandom, sino que también reproduce los cinco dibujos pintados por Tolkien para la historia.
Como último detalle hay que destacar el uso de palabras “complicadas” dentro de esta historia infantil. La razón de esto es muy sencilla: para el Profesor Tolkien el idioma era algo tan hermoso y tan lleno de vida que no creía que existieran palabras que debieran negárseles a los niños sólo por parecer demasiado elaboradas. Más bien todo lo contrario: es obligación de todos los padres enseñar nuevas palabras a sus hijos constantemente para que ellos forjen un amor por el léxico. Como escribió en abril de 1959:
“Un buen vocabulario no se adquiere leyendo libros escritos de acuerdo con el criterio que alguien tenga del vocabulario de determinado grupo de edad. Se adquiere leyendo libros que estén por encima de ese nivel” (Cartas de J R R Tolkien, pág. 349).
Sus inicios se remontan a la región de Lindon después de la Guerra de la Cólera. Allí se congregaron los elfos y hombres que huyeron de la destrucción de Beleriand al final de la Primera Edad. Los vestigios de las tres míticas casas de los Edain eran guiados por los dos hijos de Eärendil: Elrond y Elros. Sin embargo, con la decisión de Elrond de formar parte del Destino de los Eldar, los hombres quedaron bajo el liderazgo supremo de Elros.

Si bien es cierto este fue el fin de Númenor, no fue el final de la sangre numenoreana, pues esta logró sobrevivir en los Elendili que habían huido a Tierra Media. Y entre estos estaban Elendil, último Señor de Andúnië, y sus hijos Isildur y Anárion, quienes habían zarpado de Rómenna liderando nueve barcos poco antes que zarpara la armada de Ar-Pharazôn hacia Valinor. Todos los barcos lograron llegar a Tierra Media y en uno de ellos Isildur llevaba un retoño de Nimloth que había logrado salvar antes que el Árbol Blanco fuese talado y quemado.


Rohan y sus Antepasados
Los Hobbits y la Importancia de un Apellido

Pero la guerra aún no había mostrado lo peor. A mediados de 1916 Alemania lanza una ofensiva sobre Verdún y avanzan hacia el Somme. El ejército británico bombardea las posiciones enemigas para detener el avance. La contraofensiva se completa con la aparición de una novedosa arma aliada: los tanques de guerra. La imagen de estos enormes vehículos blindados capaces de avanzar destruyendo las posiciones defensivas y disparando su cañón indiscriminadamente provoca el terror entre los soldados. Esta sensación será plasmada por Tolkien en sus obras con la aparición de los dragones de Melkor en los frentes de batalla de Beleriand.
“Todos muertos, todos putrefactos. Elfos y hombres y orcos. La Ciénaga de los Muertos. Hubo una gran batalla en tiempos lejanos, sí, eso le contaron a Sméagol cuando era joven, cuando yo era joven y el Tesoro no había llegado aún. Fue una gran batalla. Hombres altos con largas espadas, y Elfos terribles, y orcos que aullaban. Pelearon en el llano durante días y meses delante de las Puertas Negras. Pero las ciénagas crecieron desde entonces, engulleron las tumbas; reptando, reptando siempre.” (El Señor de los Anillos, Las Dos Torres, A Través de las Ciénagas)

La última carta fue entregada a la familia Tolkien en 1943 y estaba dedicada a Priscilla, quien en ese entonces tenía 14 años (John tenía ya 26 años, Michael 23 y Christopher 19). En ella, el Hombre de Navidad les pide a los Tolkien que nunca olviden cómo soñar y que dediquen cada momento de sus vidas a hacer el bien. Mediante un mensaje de esperanza les dice que a pesar de todo lo malo que puede estar ocurriendo en el mundo (la Segunda Guerra Mundial se extendería aún por otros dos años) nunca se debe perder la capacidad de creer en un mejor futuro. Por último se despide afirmándoles que no deben sentir preocupación por él y sus amigos, “pues el Polo Norte está muy lejos de las guerras de los hombres, y el viejo Oso Polar siempre mantendrá a raya a los duendes bribones”.
En las versiones fílmicas de Peter Jackson, el equipo de producción consideró que este relato era de gran importancia por ser un sueño del propio Tolkien. Sin embargo, los guionistas no supieron donde colocarlo para que funcionara dentro de la trama de la película. Es por ello que sólo aparece en la versión extendida de El Retorno del Rey, y sus protagonistas ya no son Faramir y Eowyn, sino Eowyn y Aragorn, además de que quien tiene el sueño es ella. 
En el “Libro de Enoc” (uno de los llamados textos apócrifos judíos), se dice que el diluvio fue enviado por Dios no sólo para castigar a los hombres por sus malas obras, sino también a un grupo de ángeles rebeldes conocidos como Vigilantes, quienes habían engendrado con mujeres una estirpe de terribles gigantes llamados Nephilim.
Se podría afirmar que la historia de la gran ola destructora no era solamente un sueño recurrente de Tolkien, sino también de toda la humanidad a lo largo de los siglos. Y al igual que los héroes de Tolkien en la Tercera Edad, todos nosotros en algún momento nos hemos sentido nostálgicos por esas historias antiguas de grandes continentes perdidos e inundaciones de proporciones inimaginables que nos hacen estremecer en nuestros sueños. Quizás un recuerdo en nuestro inconsciente colectivo de la hermosa y lejana Atalantë.
Sin embargo, los Hombres del Norte cayeron en decadencia tras la Gran Peste que asoló Tierra Media en el año1636 TE. Se dice que la mitad de la población de Rhovanion falleció, al igual que la mitad de sus caballos. La debilidad de la frontera quedó en evidencia en 1851 TE, cuando comenzaron las invasiones de los Aurigas, pueblos orientales que se valieron de carromatos de batalla y cuadrigas para conquistar las regiones al este de las Tierras Pardas. En 1856 TE Narmacil II de Gondor condujo un ejército contra los Aurigas en auxilio de los Hombres del Norte. Pero este ejército fue aplastado y el propio Narmacil II murió en la Batalla de los Llanos al lado de Marhari, rey de los Hombres del Norte. De esta manera los Aurigas tomaron el control de toda Rhovanion y esclavizaron a sus habitantes. Varios sobrevivientes lograron escapar hacia el norte cruzando el Celduin (Río Rápido) y se mezclaron con la población de Valle, bajo Erebor. Marhwini, hijo de Marhari, condujo a otro grupo de sobrevivientes hacia el norte, entre el Bosque Negro y el Anduin, asentándose en los pequeños valles de la región. Este fue el origen de los Éotheod.
Debido a que el segundo hijo de Ondoher, Faramir, también muere en la batalla, Eärnil es coronado Rey de Gondor bajo el nombre de Eärnil II. Durante su reinado, Frumgar decide guiar a los Éotheod nuevamente hacia los valles más al norte, entre las Ered Mithrin y las Montañas Nubladas. La nueva migración fue motivada por la falta de espacio en los valles del sur para la población cada vez mayor de los Éotheod, así como el surgimiento de la Sombra en Dol Guldur, al sur del Bosque Negro. Frumgar aprovechó la caída de Angmar en 1975 TE para reclamar aquellas tierras.
En agradecimiento, Cirion le pide a Eorl que ocupe las tierras de Calenardhon durante tres meses, al cabo de los cuales se volverán a reunir. Pasado dicho plazo ambos líderes se encuentran en las faldas del Amon Anwar, la “Montaña del temor Reverente”, al sur de la Corriente Mering, en las Montañas Nubladas. Allí Cirion guía las comitivas hasta la cima, en donde revela la oculta tumba de Elendil. En este solemne lugar Cirion cede a Eorl toda la basta región de Calenardhon para que pueda asentarse junto a su gente, en la cercanía de Gondor, y así ambos pueblos puedan defenderse mutuamente. Abrumado por tal regalo, Eorl hace un juramento de eterna amistad entre los Éotheod y el pueblo de Gondor, el cual recibe una respuesta similar por parte de Cirion. Este juramento será nuevamente cumplido más de quinientos años después por el Rey Théoden de Rohan durante la Guerra del Anillo.