lunes, 23 de marzo de 2009

La Brillante Estrella de los Numenoreanos

Autor: Juan José Dobles

En artículos anteriores hablamos sobre el mito de la destrucción del Reino de Númenor y su importancia en la obra fantástica de JRR Tolkien (ver artículo "Un Sueño Recurrente"). En el presente artículo queremos extendernos un poco más en el conocimiento de la historia de Númenor, la cual tiene como fuentes los textos de "El Silmarillion" y "Los Cuentos Inconclusos", principalmente.

Durante la época de la Guerra del Anillo, al final de la Tercera Edad, los Dúnedain de Gondor y del Norte aún se hacían llamar “Hombres de Oesternesse”. Aquel apelativo era una referencia al legendario pueblo de los Numenoreanos, quienes gobernaron el reino humano más poderoso que hasta entonces habían visto las regiones del Oeste de Arda. Fueron conocidos y temidos a lo largo de la Segunda Edad y sus soberanos eran llamados Reyes del Mar por los otros pueblos de Tierra Media. Su historia fue la historia del esplendor de los Hombres. Su caída fue el motivo de la Transformación del Mundo.
Sus inicios se remontan a la región de Lindon después de la Guerra de la Cólera. Allí se congregaron los elfos y hombres que huyeron de la destrucción de Beleriand al final de la Primera Edad. Los vestigios de las tres míticas casas de los Edain eran guiados por los dos hijos de Eärendil: Elrond y Elros. Sin embargo, con la decisión de Elrond de formar parte del Destino de los Eldar, los hombres quedaron bajo el liderazgo supremo de Elros.

Se narra que en aquel entonces los Valar decidieron premiar a los Edain por haber luchado al lado de los ejércitos de los Poderes. Fue así como Ossë levantó desde las profundidades del Gran Mar una enorme isla con forma de estrella de cinco picos que ubicó en mitad de las aguas, a medio camino entre Tierra Media y las Tierras Imperecederas de Aman. Aulë se encargó de fortalecer aquel lugar y Yavanna lo enriqueció con sus mejores plantas y árboles. Entonces Eärendil brilló alto en el firmamento y guió a su hijo Elros y al resto de los Edain hasta aquella tierra, la cual fue bautizada con muchos nombres: Andor (la tierra del Don), Elenna (Hacia la Estrella) y Anadûnê (Promontorio del Occidente), que en la lengua élfica se dice Númenórë. Así nació el Reino de Númenor, el cual fue bendecido por los Valar y creció en riquezas y poder bajo el mandato de Elros, su primer gobernante, quien adoptó el nombre de Tar-Minyatur.

Otro regalo recibieron los numenoreanos que los hizo excepcionales entre los hombres de antaño: gran sabiduría y una longevidad extraordinaria, la cual les permitía vivir en promedio más de 200 años, llegando a morir Elros a la muy avanzada edad de 500 años.

El agradecimiento a los Valar y sobre todo a Eru marcó la historia temprana del pueblo numenoreano. En la cumbre de la montaña más alta de la isla, el Meneltarma, se creó un Santuario a Eru a donde sólo podía subir el rey en tres ocasiones solemnes del año. Este santuario era custodiado por los Testigos de Manwë, tres águilas enviadas desde Aman como símbolo de alianza entre los Hombres y los Poderes de Arda. Además, dos de estas majestuosas aves anidaban en la torre del Palacio del Rey en la ciudad capital de Armenelos.

La amistad entre los numenoreanos y los elfos era profunda y a los puertos occidentales de Eldalondë y Andúnië llegaban con regularidad barcos provenientes de Avallonë, en Tol Eressëa, trayendo conocimientos y muestras de afecto para los líderes numenoreanos. Fue así como se sembró en los Patios del Rey el Árbol Blanco Nimloth, vástago de Celeborn, el Árbol Blanco de Eressëa. Esta amistad aumentó en el 600 SE cuando el Capitán Vëantur llevó su barco Entulessë (Retorno) hasta los Puertos Grises de Mithlond, en Tierra Media, donde fue recibido con gran alegría por los elfos noldor Gil-Galad y Círdan.

Númenor pronto se constituyó en una potencia marítima cuyas naves surcaban todo el Oriente del Gran Mar, llegando hasta más allá de Harad y las costas distantes de las tierras del Este. El conocimiento y poder de los numenoreanos aumentó con el pasar de los años, y en 1700 SE su enorme flota, comandada por el Almirante Ciryatur y el heredero al trono Minastir, desembarcó en los Puertos Grises y en el puerto de Lond Daer sobre el río Gwathló para auxiliar a los elfos de Tierra Media, quienes se encontraban sitiados por Sauron tras la guerra que estalló por el control de los Anillos de Poder. Se dice que fue tal la supremacía de los numenoreanos que todo el ejército de Mordor fue rápidamente aplastado y Sauron a penas logró escapar, huyendo lleno de odio y temor frente a un enemigo formidable al que poco había considerado.

A pesar de todo su poder y sabiduría, los numenoreanos no pudieron escapar a la Sombra que comenzó a crecer en ese entonces en los corazones de los hombres. Desde los tiempos de la fundación del reino existía un decreto de los Valar que impedía a los barcos numenoreanos navegar hacia el Oeste. Este decreto se conocía como la Prohibición de los Señores de Occidente, y buscaba evitar que los hombres llegaran a Aman, pues es designio de Eru que el destino de los mortales está más allá de Arda y no en las Tierras Imperecederas. Durante muchos años los numenoreanos obedecieron la prohibición y por ello sus naves se dirigieron siempre al Este, hacia Tierra Media.

Pero en tiempos de Tar-Ciryatan, quien fue coronado en 1869 SE, los hombres de Númenor se manifestaron en contra de la prohibición. El propio Tar-Ciryatan cuestionó a los Valar y se preguntó si la razón de evitar a los hombres llegar a Valinor era negarles la inmortalidad.

Pronto los numenoreanos comenzaron a recelar de los Valar y hablar en contra de ellos. Manwë intentó entonces hacerlos entrar en razón mediante mensajes que envió a través de los elfos de Eressëa, pero esto sólo consiguió que los numenoreanos vieran con malos ojos también a los mensajeros. Sin embargo, la Casa de Andúnië, en la cual también corría la sangre de Elros Tar-Minyatur, aceptó las palabras de los Valar y sus miembros intentaron hacer entrar en razón al rey. Pero la amargura ya había crecido en la Casa Real y Númenor desahogó su inconformidad doblegando a los pueblos de Tierra Media a los que antes había protegido. Tar-Atanamir, hijo de Tar-Ciryatan, inició la búsqueda de los numenoreanos por superar la muerte, y lo que alguna vez fue un don de Eru se confundió con las sombras y el miedo. Y desde entonces los numenoreanos vieron con temor la muerte y se aferraron estúpidamente a los bienes materiales, olvidándose del verdadero sentido de la vida. Tar-Atanamir se negó a entregarle el cetro a su hijo cuando este estuvo preparado para gobernar (como era tradición desde los tiempos de Tar-Amandil, nieto de Tar-Minyatur), y murió en 2221 SE viejo, débil y senil.

Durante el reinado de su hijo Tar-Ancalimon, los numenoreanos se separaron en dos bandos: los llamados Hombres del Rey que apoyaban la actitud de los monarcas contra los Valar y los elfos, y los Elendili (Amigos de los Elfos) también conocidos como los Fieles, que se mantuvieron leales a Valinor y Eru.

Pronto los reyes se volvieron más prepotentes y arrogantes. En 2899 SE fue coronado Ar-Adûnakhor, quien subió al trono con un nombre en adûnaico rompiendo con la tradición. Adûnakhor prohibió el uso y la enseñanza de las lenguas élficas y hostigó a los elfos que llegaban desde Eressëa.

Junto con estos sucesos la vida de los numenoreanos parecía menguar y la vejez los alcanzaba varios años antes de lo que era normal en ese entonces. En 3102 SE, el rey Ar-Gimilzôr comenzó una persecución contra los Elendili, provocando que muchos de ellos tuvieran que huir hasta Tierra Media, buscando refugio en su puerto en Pelargir, en el Anduin. Para mantener vigilada a la Casa de Andúnië, los obligó a trasladarse al puerto de Rómenna, al este de la isla. Los puertos occidentales quedaron abandonados y los barcos blancos de Eressëa nunca más volvieron a Númenor.

El hijo de Gimilzôr, Tar-Palantir, había sido criado bajo el consejo de su madre Inzillbêth, una Fiel sobrina del Señor de Andúnië. Por ello intentó reparar todos los daños que sus predecesores habían hecho y pidió perdón a Eru por la actitud de su pueblo. Pero la mayoría de los numenoreanos no lo apoyaba y más bien dirigían sus corazones a su hermano menor Gimilkhâd, líder de los Hombres del Rey y más parecido a su padre en su actitud contra los Fieles, los elfos y los Valar.

Tras la muerte de Tar-Palantir en el año 3243 SE, el hijo de Gimilkhâd, Pharazôn, obligó a su prima Míriel a casarse con él y de esta forma se proclamó Rey de Númenor, violentando las leyes de sucesión y la prohibición de unión entre parientes cercanos.

Una de las primeras acciones de Ar-Pharazôn fue preparar la guerra contra Sauron, quien había tomado el control de Eriador y se había proclamado Rey de Tierra Media y del Mundo, título que ante los ojos del rey numenoreano sólo le podía corresponder a él mismo.

La enorme flota numenoreana desembarcó en el puerto de Umbar en 3261 SE y un año después Sauron se postró de rodillas ante el rey. Pero el Señor Oscuro tenía ya un plan. Había adoptado la hermosa imagen de Annatar y había dejado el Anillo Único en su torre de Barad-dûr. Ar-Pharazôn llevó entonces a Sauron hasta Númenor en donde lo mantuvo cautivo. Pero Sauron logró ganarse el favor del rey y sus consejeros, y volcó el corazón de los numenoreanos hacia la oscuridad. Ar-Pharazôn se convirtió así en el mayor tirano que hubiese visto el mundo desde los tiempos de Morgoth. El Santuario de Eru fue abandonado y se construyó un gran Templo a Melkor en una colina cercana a Armenelos. El primer fuego de este templo se alimentó de Nimloth, el cual fue talado, y con terrible frecuencia en él también se sacrificó a los últimos Fieles que quedaban en Númenor.

Pero todos estos terribles actos no le bastaron a Sauron, quien envenenó el corazón de Ar-Pharazôn y lo aconsejó a hacerle la guerra a los Valar y así arrebatarles a la fuerza el derecho de los numenoreanos de ser inmortales. En el 3319 SE, Ar-Pharazôn dirigió una gigantesca armada hasta las costas de Aman. Allí desembarcó de su buque insignia, el Alcarondas, y reclamó la beatitud de aquellas tierras en nombre de Númenor. Pero Manwë había dejado la regencia del mundo en manos del propio Eru-Ilúvatar, quien manifestó su gran poder arrebatando las Tierras Imperecederas y la isla de Tol Eressëa del alcance de los hombres y curvando la forma del mundo.

Ar-Pharazôn y todo su ejército fue sepultado en las Cavernas de los Olvidados donde esperarán en deshonra hasta la Última Batalla del Día del Juicio. Su gigantesca flota fue tragada por el abismo que se abrió en el Gran Mar entre las costas de Aman y Númenor, y la isla fue alcanzada por una terrible ola que la anegó totalmente. Así se perdió para siempre la hermosa tierra de Elenna, el poderoso Reino de Númenor, y desde entonces se le llamó Akallabêth, la Sepultada, Atalantë en la lengua de los elfos.
Si bien es cierto este fue el fin de Númenor, no fue el final de la sangre numenoreana, pues esta logró sobrevivir en los Elendili que habían huido a Tierra Media. Y entre estos estaban Elendil, último Señor de Andúnië, y sus hijos Isildur y Anárion, quienes habían zarpado de Rómenna liderando nueve barcos poco antes que zarpara la armada de Ar-Pharazôn hacia Valinor. Todos los barcos lograron llegar a Tierra Media y en uno de ellos Isildur llevaba un retoño de Nimloth que había logrado salvar antes que el Árbol Blanco fuese talado y quemado.

Así se preservó el linaje numenoreano en los reinos de Arnor y Gondor, y así el recuerdo y la gloria de Oesternesse perduró hasta los tiempos de Aragorn II Elessar, no sólo como leyendas y relatos de una gloria perdida, sino también en el valor de los líderes de los Dúnedain, el cual aseguró que la brillante estrella numenoreana se alzara una vez más al inicio de la Cuarta Edad.

martes, 10 de febrero de 2009

Cada Hobbit por su Nombre: el Arte de darle nombre a los habitantes de Tierra Media

Autor: Juan José Dobles

J R R Tolkien era un filólogo ante todo. Uno debe recordar esto como lector en cada viaje a su Tierra Media. Para el Profesor toda palabra tiene un poder mágico inherente a sí misma que permite la existencia de aquello que nombra. Recordemos cómo el mundo comienza realmente a existir hasta que Eru-Ilúvatar lo invoca dándole el nombre de , el Mundo que Es. Así también cada personaje de Tierra Media puede contarnos su historia, la de su familia o incluso la de su pueblo a través de su nombre. En la basta obra de Tolkien ningún nombre fue puesto a la ligera.
El nombre de cada ser tiene un gran poder. En la Tierra Media muchos pueblos ocultaban su verdadero nombre para evitar caer víctimas de hechizos y maldiciones. Recordemos cómo en la historia de Túrin Turambar el héroe asume constantemente nuevos nombres para intentar escapar del Destino. Sin embargo, cada vez que su verdadera identidad era revelada, la maldición que Morgoth lanzó contra toda su familia lograba alcanzarlo. El golpe final se asestó después que el dragón Glaurung hechizara a Nienor robándole el recuerdo de quién era ella en realidad, representado por el nuevo nombre que Túrin le da: Níniel, la Doncella de las Lágrimas.
Nuevamente encontramos referencias a este poder mágico en la negativa del hobbit Bilbo de darle su verdadero nombre al dragón Smaug para evitar ser hechizado. Quizás por la misma razón los magos Istari buscaron hacerse de varios nombres para encubrir sus verdaderas identidades. Gandalf por ejemplo nos menciona varios de sus nombres: Mithrandir entre los elfos, Tharkûn para los enanos, Olórin en el Oeste, Incánus en el Sur y Gandalf en el Norte.
Pero los nombres también invocan la verdadera naturaleza de aquello que nombran. Melkor se alza como Gran Señor Oscuro bajo el nombre que la ha dado el elfo noldo Feanor: Morgoth, el Gran Enemigo del Mundo. Coincidiendo con este “bautizo”, Morgoth ya no volverá a adoptar ninguna forma hermosa, pues su verdadera naturaleza siniestra ha sido revelada.
Cada pueblo tiene sus propias tradiciones para dar nombre a sus nuevos miembros. Múltiples son las razones que fundamentan estas tradiciones, pero todas ellas están vinculadas directamente con la historia de ese pueblo.

Los Tres Nombres de los Eldar

El nombre de cada elfo es un testimonio de magia, habilidad y esperanza. Todo elfo posee por lo menos dos nombres diferentes o essi. El primero se le daba poco después de nacer y casi siempre era similar al del padre o algún otro familiar. Por ejemplo, el nombre de Feanor es Curufinwe, es decir “Finwe el hábil” en alusión a su padre, mientras que su hijo mayor, Maedhros, se llamaba Nelyafinwe, o “Tercer Finwe”. Es muy posible que este sistema fuese adoptado por los hombres debido a su contacto con los elfos. Esto lo percibimos en los medio-elfos hijos de Earendil, Elros y Elrond, cuyos nombres poseen una raíz similar que significa “Estrella”, en alusión evidente a su padre.
El segundo nombre o amilesse se lo daba la madre en algún momento de su crecimiento. Este nombre es muy importante porque muchas elfas tienen el don para sentir el futuro de sus hijos, el cual resulta en muchas ocasiones profético. Feanor es la forma sindarin del nombre que Miriel Serinde dio a su hijo: Feanáro, “Espíritu del Fuego”, previendo el fuego interno que condujo a Feanor hasta Tierra Media aún en contra de la voluntad de los Valar, y el cual convirtió en cenizas su cuerpo tras morir durante la Dagor-nuin-Giliath (la Batalla bajo las Estrellas).
El último nombre élfico es el epesse, el cual es tomado por el propio elfo o conferido por sus camaradas como referencia a una cualidad característica o algún episodio en la vida de dicho elfo. Puede que el nombre de Ereinion no suene familiar para muchos, pero sí el nombre que este elfo recibió por el brillo de su lanza en los campos de batalla: Gil-Galad, “Estrella Radiante”. Otro ejemplo es Beleg, quien llegó a ser conocido como Cúthalion o “Arco Firme” debido a su destreza con dicha arma.
Cabe destacar que Aragorn recibió un nombre de la elfa Galadriel: Elessar, “Piedra de Elfo”. No queda claro si este nombre fue un amilesse que profetizaba su firme reinado o un epesse relacionado con la joya Elessar que le entregó la Dama de Lothlórien en nombre de Arwen.

Los Misteriosos Nombres de los Naugrim

Aule hizo desconfiados a los enanos para que pudieran protegerse de los engaños de Melkor, y debido a esta desconfianza no conocemos el nombre verdadero de ningún enano.
Los enanos bautizaban a sus hijos en su lengua natal, el khuzdûl, de la cual no conocemos prácticamente nada ya que los naugrim nunca la enseñaban a extraños. Parece ser, según afirmaciones del propio Tolkien, que esta costumbre de no revelar su nombre verdadero es en parte la razón por la cual los enanos son inmunes a la magia.
Todo enano posee un nombre cuyo origen sería la lengua de otros pueblos, quizás humanos. En la práctica, Tolkien adoptó los nombres de los enanos del Edda Mayor de la mitología escandinava. Igual procedencia tiene el nombre de Gandalf. En uno de los pasajes del Edda podemos leer:
“Modsogner, el jefe / de la raza de los enanos / y también Durin, / fueron creados entonces; / y al igual que los hombres / los enanos en la tierra / fueron creados en el número / que Durin ordenó.” (Edda Mayor, El Origen del Hombre)
No es de extrañar la sonoridad casi infantil de algunos nombres enanos conocidos: Oín, Glóin, Fili, Kili, Balin, Dwalin, Dori, Ori, Nori, Bifur, Bofur, Bombur.
Nombres como Thorin o Dáin fueron utilizados en múltiples oportunidades, por lo cual a muchos enanos se les da un sobrenombre que los diferencia y cuyo origen está vinculado con alguna proeza realizada por el enano en cuestión. Así Thorin Escudo de Roble y Dáin Pie de Hierro ganaron tales epítetos por sus acciones durante la Guerra de Enanos y Orcos (2790-2799 TE).

La Larga Tradición de los Hombres del Oeste

Los Hombres del Oeste siguen un esquema similar al primer nombre de los elfos, es decir, buscan una referencia al vínculo familiar. Las tres casas de los Edain están llenas de ejemplos: los hermanos Hador y Huor tuvieron como hijos a Túrin y Tuor respectivamente. Al parecer este tipo de referencialidad familiar era también utilizada por algunos pueblos Orientales, como se deduce de Bor y sus hijos Borlad, Borlach y Borthand, o Ulfang y sus hijos Uldor, Ulfast y Ulwarth. Cabe también la posibilidad que estos nombres les hayan sido dados posteriormente por historiadores numenoreanos o élficos de acuerdo a sus propios sistemas.
En Númenor el linaje real adopta la tradición de nombrar a sus vástagos con significados altivos. Se vuelve también costumbre entre los reyes tomar un nombre diferente al ser coronados, el cual simbolizaría su reinado y que comenzaba con la partícula quenya “Tar-” (elevado, noble, augusto). Tras la adopción del Adûnaico como lengua oficial esta partícula se cambió por “Ar-” (rey).
En Arnor y Gondor los descendientes de Elendil continuaron con la tradición de tomar un nuevo nombre al ser coronados. En el Reino del Norte no destaca ningún caso en especial, pero sí en el Reino del Sur. Tarostar Rómendacil adoptó su segundo nombre tras las grandes victorias que obtuvo en el Este (Rómen, en quenya). Caso similar ocurre con Ciryaher Hyarmendacil I que derrotó a los Haradrim del Sur (Hyarmen) y Telumehtar Umbardacil quien conquistó el puerto de Umbar.
Tras la separación del Reino del Norte en Arthedain, Rhudaur y Cardolan en 861 TE, comenzó una lucha por la reivindicación territorial por parte de los tres nuevos reinos. En 1349 TE, Argeleb I es coronado y reclama la soberanía total del antiguo Arnor. A partir de entonces todos sus descendientes reciben nombres que inician con la partícula “ar-, ara-” (noble, real) como símbolo de dicho reclamo. Esta tradición fue preservada aún después de la caída del último rey del norte y alcanza a Aragorn II Elessar.
Tras la interrupción del linaje real en Gondor, los Senescales Gobernantes toman el mando del reino. Entre ellos vemos la utilización constante de nombres provenientes de las tres casas de los Edain de la Primera Edad: Húrin, Túrin, Hador, Barahir, Beren, entre otros.
Rohan y sus Antepasados

Los nombres del pueblo rohirrim están marcados por una tradición ecuestre, pero también son testimonio del gran conocimiento del Profesor Tolkien sobre la evolución de la lengua. De acuerdo con la idea que el Profesor tenía sobre la cultura rohirrim, los nombres de la Casa Real de Edoras corresponden a vocablos en anglosajón antiguo, la mayoría con la presencia de la partícula “eoh”, la cual significa caballo. Así Éowyn significa “Gusto por los Caballos”. La misma partícula la encontramos en su hermano, Éomer, y en su padre, Éomund. También hayamos estas partículas familiares en Théoden, cuyo padre era Thengel, su hermana Théodwyn y su hijo Théodred.
Pero Tolkien va más allá con los nombres rohirrim. Entre los Hombres del Norte, ancestros de los rohirrim, encontramos nombres como Vidugavia, Vidumavi, Marhari o Marhwini cuyas raíces son claramente góticas, una de las primeras lenguas germánicas de Europa, y por tanto antecesora del anglosajón.
Los Hobbits y la Importancia de un Apellido

Con los hobbits nos encontramos con el primer pueblo en Tierra Media en utilizar apellidos. Cabe destacar que los nombres hobbits conocidos son en realidad traducciones a la lengua común del hobbítico original. Por ejemplo, el apellido Brandigamo es en realidad una adaptación del hobbítico Brandagamba; y Gamyi proviene del hobbítico Galbasi.
En la Comarca algunas familias adoptan apellidos que hacen referencia a características colectivas, como los Ganapié, los Ciñatiesa, los Tallabuena o los Redondo; mientras que otras familias hacen alusión a sus oficios, como los Arenas que manejan el molino en el río El Agua, o los Manoverde que durante mucho tiempo fueron los jardineros de Bolsón Cerrado.
El apellido Bolsón es un caso interesante ya que hace referencia a la “buena bolsa” de la cual disponía la familia. Recordemos que los Bolsón era una familia bastante acomodada.
En algunos apellidos podemos seguir una evolución histórica. Los Bucca de la Quebrada dieron origen a los Gamoviejo, los cuales se transformaron finalmente en Brandigamo cuando se establecieron en Los Gamos. El apellido Gamyi tiene su origen como Gamwich, transformándose posteriormente en Gammadge y Gammidgy hasta llegar a Gamyi. De la familia Gamyi surgirían después los Jardinero y los Belifante de las Torres.
En la región de Bree los hobbits adoptan apellidos que refieren a la flora del lugar, como Juncales, Madreselva, Matosos, Manzanero y Cardoso. Pero lo más curioso de esta población es que al parecer es también el lugar donde los hombres adoptan la costumbre de utilizar apellidos. Así nos encontramos con Cebadilla Mantecona o Bill Helechal.
De esta manera Tolkien nos sugiere que es en los Hobbits donde podemos encontrar el origen de la actual costumbre de llamarnos con un nombre y un apellido.

sábado, 10 de enero de 2009

El Soldado Tolkien

Autor: Juan José Dobles

“Sólo los locos o imbéciles podrían contemplar sin horror el siglo veinte.” Con estas palabras el Profesor J.R.R. Tolkien comentaría una de las experiencias más duras de su vida: su servicio militar durante la Primera Guerra Mundial. Los días que pasó en las trincheras lo llevarían a preguntarse constantemente sobre la naturaleza del bien y el mal en el ser humano. Una pregunta que rondaría a toda una generación traumatizada por la violencia y los espantos sufridos durante el conflicto bélico que dio inicio a una nueva era en las artes de la guerra.

La Primera Guerra Mundial fue la culminación de una larga carrera armamentista que enfrentó a las grandes potencias comerciales del mundo colonial a lo largo del siglo XIX. Ya a principios del siglo XX las tensiones diplomáticas habían sufrido una escalada provocada por los intereses coloniales de Alemania, Francia y Gran Bretaña en África, el auge del nacionalismo principalmente en Europa Central y Sudoriental, el deseo de desquite de Francia por su derrota en la guerra franco-prusiana y las presiones de Rusia sobre los estrechos de Bósforo y Dardanelos bajo el poder del Imperio Otomano. El primer disparo se escuchó el 28 de junio de 1914, cuando el Archiduque del Imperio Austro-húngaro Francisco Fernando fue asesinado en Sarajevo por un nacionalista serbio. Austria le declaró la guerra a Serbia, mientras que Alemania, aliada a los austriacos, le declaró la guerra a Rusia y a Francia, aliados de Serbia. El 4 de agosto de ese año Alemania violó el territorio belga en un intento por atacar a Francia por el norte, provocando el ingreso de Gran Bretaña en la contienda. En poco tiempo el sistema de alianzas había arrastrado a todas las naciones del continente europeo y al Imperio Otomano dentro de la guerra, la cual se extendió a las colonias europeas en África y Asia.

En 1914 Tolkien disfrutaba sus estudios universitarios y su relación romántica con Edith Mary Bratt, quien había accedido a casarse con él a inicios de 1913. Edith fue bautizada dentro del catolicismo a inicios de año. Desde 1912 Tolkien había recibido entrenamiento mientras formaba parte del Regimiento de Caballería de la King Edward´s School. Al estallar la guerra, Tolkien, su hermano y sus amigos del Tea Club of the Barrovian Society (Christopher Wiseman, R.Q. Wilson y Geoffrey Bache Smith) se enlistaron en el ejército. Sin embargo, Tolkien deseaba terminar sus estudios académicos antes de marchar hacia el frente de batalla. Para cuando el joven Tolkien concluye sus estudios en junio de 1915, varios de los colegios de la Universidad de Oxford funcionan como centros de entrenamiento y hospitales. La población universitaria se ha reducido abruptamente. En julio de ese año comienza su entrenamiento con el 13º Batallón de Fusileros de Lancashire. Allí es instruido como mensajero debido a su facilidad con los idiomas. El 22 de marzo de 1916, al concluir su entrenamiento y ante la inminente orden de enviarlo al Frente Occidental, Tolkien y Edith contraen matrimonio.

El 4 de junio el batallón de Tolkien es enviado a Francia, a la región de Somme. Tolkien es designado Oficial de Información. Allí conoce “el horror animal de la guerra”.

Mucho se ha dicho en nuestros días sobre la Segunda Guerra Mundial, por lo que gran parte de los horrores de la Primera Guerra han quedado trágicamente en el olvido. Para finales de 1914 la guerra de movimiento y avance propuesta por los altos mandos de las potencias había fracasado. El Frente Occidental se estancó en una espantosa guerra de trincheras en la cual nadie lograba ganar terreno. Las condiciones sanitarias eran paupérrimas. Las enfermedades se extendían con facilidad entre los soldados. Algunos historiadores consideran que en Europa perecieron tantos soldados víctimas de las balas como de las enfermedades.

Además, la Primera Guerra Mundial marcó el inicio de la guerra mecanizada, para la cual ninguna nación demostró estar preparada. La ametralladora provocó estragos en el sistema de formaciones utilizado por los ejércitos hasta ese entonces. La caballería también vería pronto su ocaso, eclipsada por la introducción de vehículos de tipo automotor dentro de los frentes de batalla. La artillería evolucionó en poderío, gracias a cañones de largo alcance que permitían bombardear áreas enteras con resultados devastadores. La fuerza aérea también entra en escena y si bien es cierto su uso no fue tan extendido como en la Segunda Guerra Mundial, pilotos como el afamado Barón Rojo alemán se constituyeron en verdaderos nazgul de acero que infundían terror en las tropas de tierra. Pero el mayor horror de la contienda fue la utilización masiva de armas químicas como el Gas Mostaza: nubes de muerte se extendieron por los frentes de batalla asfixiando a los soldados.

Tolkien trata de sobrevivir a la locura que lo rodea escribiendo en sus cuadernos de notas. Algunos de estos bocetos formarán parte de varias de las historias de El Silmarillion. Recibe con regularidad correspondencia de sus amigos en el frente, principalmente Christopher Wiseman y G.B. Smith. De este último recibe una carta que es fundamental en el desarrollo posterior del Profesor Tolkien:

“…estoy seguro que la muerte de uno de esos miembros no puede disolver al TCBS… no puede poner fin a los cuatro inmortales… Es un descubrimiento que comunicaré… antes de salir esta noche… que Dios te bendiga… Que digas las cosas que yo intentaba decir cuando yo no esté para decirlas, si esa es mi suerte.”

Esta es la última carta de Smith antes de morir en el frente de batalla.

Pero la guerra aún no había mostrado lo peor. A mediados de 1916 Alemania lanza una ofensiva sobre Verdún y avanzan hacia el Somme. El ejército británico bombardea las posiciones enemigas para detener el avance. La contraofensiva se completa con la aparición de una novedosa arma aliada: los tanques de guerra. La imagen de estos enormes vehículos blindados capaces de avanzar destruyendo las posiciones defensivas y disparando su cañón indiscriminadamente provoca el terror entre los soldados. Esta sensación será plasmada por Tolkien en sus obras con la aparición de los dragones de Melkor en los frentes de batalla de Beleriand.

La contraofensiva inglesa tiene éxito a finales de año pero Tolkien ya no está en el frente. Aquejado por la “fiebre de trincheras”, una infección contagiada por pulgas y piojos, Tolkien es enviado de regreso a Inglaterra el 8 de noviembre. No ha sufrido ninguna herida, pero los recuerdos de las trincheras lo sumen en profundas depresiones. La muerte de varios de sus amigos del TCBS agrava su larga convalecencia. Edith se muda para estar cerca de él. A principios de 1917, aún convaleciente, Tolkien escribe el primer relato del “Libro de los Cuentos Perdidos”: La Caída de Gondolin, en el cual se narra la trágica pérdida de la ciudad más hermosa de los elfos durante la Primera Edad, aplastada por las tropas del terrible Señor Oscuro Melkor bajo el comando de su lugarteniente Sauron.

Tolkien no regresa al frente de batalla. La guerra termina en 1918. Tolkien no reclama las medallas que le corresponden por su participación en el Frente Occidental ni su pensión por incapacidad. Su patriotismo lo hace considerar que solamente cumplió con su deber.

De la guerra emergen muchos de los temas que han de moldear sus historias posteriores: la lucha por la supervivencia, la pérdida y el dolor por los amigos caídos, el heroísmo de los más humildes, la camaradería como baluarte ante la desesperanza. En El Señor de los Anillos, su descripción del sufrimiento y valentía ante la tragedia de la guerra nos rememoran sus propios recuerdos de Somme. Si bien es cierto que la historia de la Guerra del Anillo se consolida durante la Segunda Guerra Mundial, es la Primera Guerra la que inspira a Tolkien cuando escribe sobre la determinación de los rohirrim en el Abismo de Helm o la valentía de los gondorianos durante el sitio a Minas Tirith.

La Fe y la Esperanza sobresalen siempre en sus textos, aún en los momentos más oscuros. Estos son los valores que le permitieron al Profesor Tolkien sobrevivir a las trincheras, y por tanto son los valores que ayudan a sus personajes de Tierra Media. Tolkien fue testigo de actos de gran coraje y valentía, muchas veces realizados por los soldados de origen más sencillo. No es coincidencia que podamos encontrar estas características en el humilde Samsagaz Gamyi.

Pero Tolkien también tomó conciencia del hecho de haber sobrevivido a la guerra. Al final, la Primera Guerra Mundial truncó la vida a cerca de 9 millones de personas en tan solo 4 años. Tolkien sentía que tenía una deuda con la vida misma y con aquellos cuya luz se vio apagada entre el lodo de las trincheras en toda Europa. En 1918, junto con Christopher Wiseman, edita y publica el libro “A Spring Harvest”, una recopilación de la obra poética de su amigo G.B. Smith.

“Todos muertos, todos putrefactos. Elfos y hombres y orcos. La Ciénaga de los Muertos. Hubo una gran batalla en tiempos lejanos, sí, eso le contaron a Sméagol cuando era joven, cuando yo era joven y el Tesoro no había llegado aún. Fue una gran batalla. Hombres altos con largas espadas, y Elfos terribles, y orcos que aullaban. Pelearon en el llano durante días y meses delante de las Puertas Negras. Pero las ciénagas crecieron desde entonces, engulleron las tumbas; reptando, reptando siempre.” (El Señor de los Anillos, Las Dos Torres, A Través de las Ciénagas)

sábado, 20 de diciembre de 2008

Tolkien y las Cartas del Hombre de Navidad

Autor: Juan José Dobles

En la navidad de 1920, el pequeño John Tolkien de apenas 3 años de edad recibió una carta muy especial. Se trataba de una carta llena de color y con vistosos dibujos proveniente directamente del Polo Norte. Su autor: Papá Noel. O al menos esto es lo que decía en el sobre.

En realidad la carta era un regalo del Profesor Tolkien a su primer hijo. Por aquellas fechas ya había nacido el segundo hijo de Tolkien, Michael, quien tenía dos meses de edad. Tolkien decidió que era importante acercar a sus hijos a la fantasía y pensó que la mejor forma de hacerlo era creando para ellos todo un mundo mágico relacionado con la Navidad. Lo que no está claro es si el Profesor Tolkien estaría consciente que aquella carta sería tan sólo la primera de una serie que se extendería todos los años hasta 1943.

Tras la muerte del Profesor en 1973, la segunda esposa de Christopher, Baillie, se dedicó a la tarea de reunir las cartas que aún estaban en posesión de los hermanos Tolkien. El resultado fue la publicación en 1976 del libro Letters from Father Christmas (Cartas del Hombre de Navidad), el cual apareció simultáneamente en Londres bajo la firma de Allen & Unwin, y en Boston, bajo la de Houghton Mifflin. En este libro se reproducen las cartas a partir de 1925, algunas en facsímil. Además se incluyen las hermosas ilustraciones que las acompañaban, algunos sobres decorados y hasta los “timbres del Polo Norte”, cuyo valor es en “kisses” (besos).

A través de estas cartas podemos ver el gran amor que J. R. R. Tolkien guardaba por sus cuatro hijos. En 1924, cuatro años después de iniciada esta bella tradición, nació Christopher, quizás su más cercano colaborador en la conformación de Tierra Media. En 1929 nace Priscilla, su última descendiente.
Cada carta narra las aventuras de Papá Noel en el Polo Norte mientras prepara la entrega de regalos de cada año. En un principio las historias eran sumamente sencillas e involucraban tan sólo al propio Papá Noel y a Karhu, el oso polar. Este último era el responsable de la mayoría de los accidentes que se narran en las cartas y que propician las aventuras.

Sin embargo, pronto las historias se llenaron de nuevos personajes: los dos desastrosos sobrinos del Oso Polar, los elfos de la nieve, los gnomos verdes y rojos, los malvados duendes (goblins) y el elfo-secretario de Papá Noel, Ilbereth, quien de vez en cuando escribía fragmentos de las cartas en “Tengwar”.

Las historias también se fueron haciendo más complejas y reflejaban en ocasiones los acontecimientos que ocurrían alrededor de la familia Tolkien. Es por ello que en 1931, cuando la familia Tolkien sufre los efectos de la terrible crisis económica, el Hombre de Navidad les cuenta a los niños que no puede llevar todos los regalos que le han pedido ya que “en todo el mundo existe una espantosa cantidad de personas que son pobres y padecen hambre”. En 1933, cuando el régimen Nazi llega al poder en Alemania, el Polo Norte es atacado por los terribles duendes. Durante la Segunda Guerra Mundial las cartas se tornan un tanto tristes, pues la guerra provoca muchos inconvenientes para Papá Noel, quien incluso llega a perder a algunos mensajeros que trataban de traer noticias de Europa.

Aunque las cartas fueron escritas en papel, la tradición de la familia Tolkien implicaba que cada carta era leída en voz alta por el Profesor delante de su esposa e hijos durante la mañana de Navidad. Esta reunión familiar casi siempre era acompañada de leche y galletas.

Algunas de las historias nacerían exclusivamente de la mente del Profesor Tolkien. Otras serían respuestas a preguntas que los niños Tolkien le escribían a Papá Noel. A través de algunas vemos incluso atisbos del resto de la obra de Tolkien: el ataque de los duendes a los talleres de Santa recuerdan muchos de los pasajes de la guerra entre elfos y orcos en El Señor de los Anillos o El Hobbit. El nombre de Ilbereth es muy similar al epíteto “Elbereth” utilizado por los elfos de Tierra Media para referirse a Varda, la Reina de los Valar. Incluso la utilización de las formas de escritura características de los elfos crea una especie de relación mágica entre ambas obras.

En la carta escrita en la navidad de 1927, el Hombre de la Luna (personaje del cuento Roverandom, el cual Tolkien comenzó a escribir precisamente durante ese año) es invitado por Papá Noel al Polo Norte. Allí bebe más aguardiente de la cuenta mientras come pastel de ciruela y juega al “dragón”. Luego se queda dormido y es empujado por el Oso Polar debajo del sofá, donde permanece hasta el día siguiente. Durante su ausencia, en la luna aparecen dragones que levantan tal humareda que provocan un eclipse y obligan al Hombre de la Luna a volver de prisa a su hogar.

Gracias a estas cartas vemos una faceta del Profesor Tolkien llena de humor, ternura y reflexión, en donde trata de dejar hermosas enseñanzas en el corazón de sus cuatro hijos. Si con El Señor de los Anillos Tolkien buscaba crear una mitología para Inglaterra, con las Cartas del Hombre de Navidad el Profesor consigue crear una pequeña mitología para su propia familia.
La última carta fue entregada a la familia Tolkien en 1943 y estaba dedicada a Priscilla, quien en ese entonces tenía 14 años (John tenía ya 26 años, Michael 23 y Christopher 19). En ella, el Hombre de Navidad les pide a los Tolkien que nunca olviden cómo soñar y que dediquen cada momento de sus vidas a hacer el bien. Mediante un mensaje de esperanza les dice que a pesar de todo lo malo que puede estar ocurriendo en el mundo (la Segunda Guerra Mundial se extendería aún por otros dos años) nunca se debe perder la capacidad de creer en un mejor futuro. Por último se despide afirmándoles que no deben sentir preocupación por él y sus amigos, “pues el Polo Norte está muy lejos de las guerras de los hombres, y el viejo Oso Polar siempre mantendrá a raya a los duendes bribones”.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Un Sueño Recurrente

Autor: Juan José Dobles

El auge y la caída del Reino de Númenor es uno de los relatos más importantes de la historia de Tierra Media, según la concepción que el Profesor JRR Tolkien creó dentro de su obra literaria. A través del legado de los numenoreanos Tolkien describe la capacidad del ser humano de lograr grandes obras pero también de corromperse y caer en desgracia. Pero lo interesante de este relato es que tuvo su origen en una pesadilla que acosó a Tolkien cuando era niño: una ola inmensa que se precipitaba inundándolo todo y aproximándose hasta un precipicio desde donde él contemplaba atemorizado.

Quizás este sueño tuviese que ver con un suceso ocurrido en el año mismo de nacimiento del Profesor. En 1892 una inundación impresionante destruyó zonas enteras de la ciudad de Bloemfontein en el entonces Estado Libre de Orange (actual Sudáfrica), en donde vivían los padres de Tolkien. Este desastre, aunque ocurrió cuando el Profesor aún era muy pequeño, era relatado con cierta frecuencia por su madre Mabel, a quien la destrucción provocada la conmovió. Puede que estos relatos maternos influyeran en el niño a crear una imagen extraordinaria del hecho.

Ya adulto Tolkien relataría que aquel sueño era el único que lo hacía despertarse por las noches, y que su significado siempre lo había intrigado, en parte debido a que él había conocido a personas que relataban sueños recurrentes muy similares. Puede que esto fuera lo que lo impulsó a plasmar su sueño en “El Retorno del Rey” (tercer libro de la trilogía de El Señor de los Anillos), descrito por Faramir a Eowyn durante su conversación en las Casas de Sanación de Minas Tirith, y relacionado con la historia de Númenor:

“-Esto me recuerda a Númenor –dijo Faramir, y le asombró oírse hablar.
-¿Númenor? –repitió Eowyn.
-Sí –dijo Faramir -, el país de Oesternesse que se hundió en los abismos, y la enorme ola oscura que inundó todos los prados verdes y todas las colinas, y que avanzaba como una oscuridad inexorable. A menudo sueño con ella.”

(Capítulo 5: El Senescal y el Rey, El retorno del Rey)

En las versiones fílmicas de Peter Jackson, el equipo de producción consideró que este relato era de gran importancia por ser un sueño del propio Tolkien. Sin embargo, los guionistas no supieron donde colocarlo para que funcionara dentro de la trama de la película. Es por ello que sólo aparece en la versión extendida de El Retorno del Rey, y sus protagonistas ya no son Faramir y Eowyn, sino Eowyn y Aragorn, además de que quien tiene el sueño es ella.

Pero Tolkien también relaciona su isla de Númenor con uno de los mitos más fascinantes de la antigüedad: el de la Atlántida, el continente perdido descrito por Platón en dos de sus diálogos más importantes (el Timeo y el Critias), recogidos en su obra “La República”. En estos diálogos Critias describe los orígenes y la forma de la Atlántida a Sócrates y sus invitados. Critias habría aprendido la historia del legislador ateniense Solón, quien a su vez la aprendió de varios sacerdotes de Heliópolis en Egipto, según narra Plutarco.

La Atlántida era un reino poderoso que fue destruido en el año 9550 aC. Se ubicaba en el océano Atlántico, más allá de los Pilares de Hércules, nombre dado por los antiguos griegos al Estrecho de Gibraltar.

"Era una isla mayor en extensión que Libia y Asia, y que después del hundimiento por un terremoto, se convirtió una barrera infranqueable de fango, que por lo tanto, impidió que los viajeros navegaran a cualquier parte del océano." (109)

La Atlántida era un territorio bajo la custodia de Poseidón, dios de los mares. Nueve mil años antes de Critias hubo una guerra entre el Imperio Atlante y las ciudades helénicas, la cual condujo a la conquista de todo el mediterráneo por parte de los ejércitos griegos. La Atlántida se ganó entonces el enojo de Poseidón, quien destruyó la isla con varios terremotos de gran intensidad y una enorme inundación (quizás una ola gigante) que arrasó con la ciudad principal o Isla Acrópolis.

Platón afirmaba que esta era una historia verdadera, pero Aristóteles aseguró después que no era más que una “utopía alegórica”.

Desde la antigüedad se han planteado muchas teorías sobre la veracidad del mito de la Atlántida, intentando relacionar a los atlantes con culturas tan diversas como la egipcia, la maya, la azteca, la nórdica e incluso la tibetana. Sin embargo, la teoría más aceptada ve en el relato de la Atlántida la huella de la destrucción de la civilización minoica producto de la potente explosión de un volcán en la isla de Santorini alrededor del 1640 aC, la cual produjo un poderoso tsunami en la cuenca este del Mediterráneo.

Es evidente que como conocedor y amante de las mitologías antiguas, Tolkien sentiría una fascinación especial por esta historia, en parte porque asemeja a una narración de la tradición cristiana ampliamente conocida: la del Diluvio Universal.

La idea de una masa de agua impresionante que anega el mundo en nombre de los dioses, destruyéndolo pero también limpiándolo, no es de reciente concepción. Una de las primeras referencias escritas procede del texto mesopotámico “Gilgamesh”, quizás el relato mítico más antiguo que se ha encontrado hasta ahora. En él, los dioses deciden destruir a la humanidad debido a sus muchas faltas. Pero existe una diosa que se opone a tal castigo: Ea. Por tanto decide aparecérsele a Uta-na-pistim, héroe de la historia, advirtiéndole de la pronta destrucción y dándole instrucciones para que construya un barco con el cual pueda escapar junto con sus allegados. Uta-na-pistim utiliza un ave para darse cuenta si las aguas están bajando, aunque los estudiosos no han logrado descifrar si esta ave es una paloma, un cuervo o una golondrina.

Las similitudes con el mito judeo-cristiano del diluvio han permitido a algunos antropólogos afirmar el posible aprendizaje de este relato por parte del pueblo hebreo durante su cautiverio en Babilonia. El relato judeo-cristiano se encuentra descrito en el libro del “Génesis”, y en él se describe como la advertencia de Dios recae sobre Noé, quien construye una enorme arca en donde da refugio a una pareja de cada especie animal. Tras la gigantesca inundación, el arca logra tocar tierra sobre la cima del monte Ararat, en territorio turco cercano a la frontera con Armenia.
En el “Libro de Enoc” (uno de los llamados textos apócrifos judíos), se dice que el diluvio fue enviado por Dios no sólo para castigar a los hombres por sus malas obras, sino también a un grupo de ángeles rebeldes conocidos como Vigilantes, quienes habían engendrado con mujeres una estirpe de terribles gigantes llamados Nephilim.

Actualmente se cree que el relato del Diluvio Universal puede tener su origen en una poderosa inundación que afectó toda la cuenca del Mar Negro al final de la última era glacial, cuando la barrera que mantenía al Mar Negro separado del Mediterráneo cedió, permitiendo el paso de una poderosa masa de agua que inundó grandes extensiones de tierras cercanas.

Pero el misterio del Diluvio aún se mantiene debido a muchas otras culturas que narran grandes inundaciones en el inicio de los tiempos.

Para los nórdicos habría sido producto de la guerra entre los Ases y los Vanes contra los Gigantes. Los griegos también refieren una terrible inundación lanzada por Zeus contra los hombres en castigo por su violencia y engreimiento. En la India las Escrituras Védicas cuentan del gigantesco pez Matsya (uno de los Avatar de Vishnú) quien advirtió a Manu de la pronta crecida del Océano Universal. El pueblo mapuche de chile cuenta de la inundación de todas las tierras producto de la mítica lucha entre las dos serpientes Trentren Vilu y Caicai Vilu. Mayas y aztecas refieren la destrucción de los Hombres de Madera debido a una gran ola enviada por los dioses que los consideraron demasiado imperfectos, mientras que en la región andina se han recopilado hasta quinientas leyendas referentes al Diluvio Universal.

Sea cual sea el mito, existen elementos que se repiten y aparecen también en la historia de Númenor. En primer lugar, está la necesidad de provocar tal nivel de destrucción por parte de una fuerza divina para limpiar un mundo que ha sido corrompido por la maldad y el egoísmo. En segundo lugar, existe un elemento de esperanza en unos pocos justos y fieles que logran escapar de la destrucción debido al sabio consejo y que llevan con ellos la semilla de un mejor futuro que mantendrá vivo el recuerdo de tan terrible evento, pero también el recuerdo de haber sido salvados como parte de una segunda oportunidad para la humanidad. De esta manera mediante Elendil, Tolkien reafirmaba en su obra ese pacto entre Dios y Noé que fundamenta la tradición cristiana de confianza y fe. Un pacto que también vemos en otras culturas gracias a héroes como Uta-na-pistim o Manu.
Se podría afirmar que la historia de la gran ola destructora no era solamente un sueño recurrente de Tolkien, sino también de toda la humanidad a lo largo de los siglos. Y al igual que los héroes de Tolkien en la Tercera Edad, todos nosotros en algún momento nos hemos sentido nostálgicos por esas historias antiguas de grandes continentes perdidos e inundaciones de proporciones inimaginables que nos hacen estremecer en nuestros sueños. Quizás un recuerdo en nuestro inconsciente colectivo de la hermosa y lejana Atalantë.

lunes, 6 de octubre de 2008

Los Éotheod de Tolkien: Pueblo de Caballos y Héroes

Autor: Juan José Dobles

En anglosajón antiguo Éotheod significa “pueblo de los caballos”. Con esta denominación se puede englobar de manera general a todo el pueblo rohirrim. Sin embargo, autores como Robert Foster y F. Schneidewind reservan el nombre para el pueblo que se asentó en los valles del norte del Anduin a mediados de la Tercera Edad de Tierra Media y que posteriormente dio origen al reino de Rohan.

El origen de este pueblo es un tanto oscuro, aunque su propia tradición los vincula con la Casa de Hador, tercer y más grande grupo de los Edain que entró en Beleriand durante la Primera Edad. Según las leyendas una parte de este pueblo se rezagó al este de las Montañas Nubladas, dando origen a una confederación de tribus que ocuparon los llanos al sur del Bosque Negro, en las Tierras Pardas. Esta confederación pronto fue conocida como los Hombres del Norte u Hombres de Rhovanion. Para los reyes de Gondor los Hombres del Norte significaban un importante aliado en las fronteras orientales, no sólo por su posición estratégica, sino también por el antiguo linaje que los unía. Este vínculo aumentó con el matrimonio del Príncipe Valacar de Gondor con Vidumavi, hija de Vidugavia, Rey de Rhovanion. De esta manera la sangre de los Hombres del Norte entró en la línea real de Gondor a través de su hijo Eldacar Vinitharya, coronado en el año 1432 TE.
Sin embargo, los Hombres del Norte cayeron en decadencia tras la Gran Peste que asoló Tierra Media en el año1636 TE. Se dice que la mitad de la población de Rhovanion falleció, al igual que la mitad de sus caballos. La debilidad de la frontera quedó en evidencia en 1851 TE, cuando comenzaron las invasiones de los Aurigas, pueblos orientales que se valieron de carromatos de batalla y cuadrigas para conquistar las regiones al este de las Tierras Pardas. En 1856 TE Narmacil II de Gondor condujo un ejército contra los Aurigas en auxilio de los Hombres del Norte. Pero este ejército fue aplastado y el propio Narmacil II murió en la Batalla de los Llanos al lado de Marhari, rey de los Hombres del Norte. De esta manera los Aurigas tomaron el control de toda Rhovanion y esclavizaron a sus habitantes. Varios sobrevivientes lograron escapar hacia el norte cruzando el Celduin (Río Rápido) y se mezclaron con la población de Valle, bajo Erebor. Marhwini, hijo de Marhari, condujo a otro grupo de sobrevivientes hacia el norte, entre el Bosque Negro y el Anduin, asentándose en los pequeños valles de la región. Este fue el origen de los Éotheod.

En 1899 TE, el rey Calimehtar de Gondor, hijo de Narmacil II, se une a Marhwini para vengar la derrota en los Llanos. La batalla tuvo lugar en Dagorlad, en donde una gran éored liderada por Marhwini logró destrozar el flanco y la retaguardia de los Aurigas. Al mismo tiempo una revuelta de esclavos estalló en los pueblos Aurigas de Rhovanion en procura de liberar las tierras conquistadas. Sin embargo, a pesar de la victoria en Dagorlad y la fuerza de la revuelta, esta última es aplastada, la mayoría de los que participaron en ella son asesinados y los Éotheod no logran regresar a sus antiguos hogares.

En 1944 TE los Aurigas se unen a los pueblos de Khand y Harad en un nuevo ataque contra Gondor (al parecer esta alianza fue incentivada por el propio Sauron). Forthwini, hijo de Marhwini y Rey de los Éotheod advierte al rey Ondoher sobre el movimiento enemigo en el este. Ondoher decide entonces marchar hacia Dagorlad en espera de un ataque desde las Tierras Pardas en el norte. Al mismo tiempo envía un ejército más pequeño liderado por Eärnil a Ihitlien del Sur. Sin embargo, Ondoher se topa con la sorpresa de que el ataque de los Aurigas viene desde el este, siguiendo la línea de las Ered Lithui, al norte de Mordor. Ambos ejércitos chocan frente a la Morannon. La embestida enemiga logra aislar al rey y a su hijo Artamir. Ambos caen muertos. El desastre es total. La retaguardia del ejército liderada por el Capitán Minohtar logra retroceder hacia Ithilien gracias al auxilio de varios jinetes éotheod enviados por Forthwini. Con ayuda de los Éotheod los gondorianos logran resistir hasta la llegada del Ejército del Sur que logra derrotar a los Aurigas mientras estos celebran lo que ellos creían era su victoria definitiva sobre Gondor.
Debido a que el segundo hijo de Ondoher, Faramir, también muere en la batalla, Eärnil es coronado Rey de Gondor bajo el nombre de Eärnil II. Durante su reinado, Frumgar decide guiar a los Éotheod nuevamente hacia los valles más al norte, entre las Ered Mithrin y las Montañas Nubladas. La nueva migración fue motivada por la falta de espacio en los valles del sur para la población cada vez mayor de los Éotheod, así como el surgimiento de la Sombra en Dol Guldur, al sur del Bosque Negro. Frumgar aprovechó la caída de Angmar en 1975 TE para reclamar aquellas tierras.

En este nuevo país los Éotheod medran y consolidan su identidad como pueblo. En 2510 TE, Léod, Señor de los Éotheod, muere accidentalmente al tratar de domar al caballo salvaje Felaróf, el cual tenía una larga vida y la capacidad de entender las palabras de los hombres. El hijo de Léod, Eorl, de tan sólo 16 años, asume la corona de los Éotheod. Se le da el nombre de “el Joven”. Eorl le exige a Felaróf su sometimiento de por vida como reparación por la muerte de su padre. Felaróf accede. Así inicia el linaje de los mearas, los hermosos caballos de la Marca que no permitían que nadie los montara excepto el rey y sus hijos, hasta los tiempos de Sombragrís y la Guerra del Anillo.

Ese mismo año, el jinete Borondir Udalraph, conocido más tarde como el Jinete de la Última Esperanza, llega ante Eorl con un mensaje apremiante de Cirion, duodécimo Senescal Gobernante de Gondor: un pueblo salvaje conocido como los Balchoth amenaza a Gondor desde el este.

Desde la Caída del Rey en 2050 TE Gondor se ha debilitado en sus fronteras nororientales. La gran región de Calernardhon al norte de las Montañas Blancas se encuentra poco poblada y desprotegida. Eorl medita su decisión. Partir en auxilio de Gondor significa dejar desprotegidas sus propias tierras durante mucho tiempo y el camino hasta Gondor es muy peligroso, pues pasa cerca de Dol Guldur y Dwimordene, donde habita la Hechicera Élfica del Bosque Dorado. Pero los lazos de amistad son más poderosos que la duda y en nueve días un gran número de jinetes de los Éotheod recorren más de quinientas millas hasta el Campo de Celebrant, en donde el ejército de Gondor está rodeado por los Balchoth al este y orcos de las Montañas Nubladas en el oeste. Los Éotheod logran aplastar al enemigo desde la retaguardia y rescatan a las tropas de Gondor.

En agradecimiento, Cirion le pide a Eorl que ocupe las tierras de Calenardhon durante tres meses, al cabo de los cuales se volverán a reunir. Pasado dicho plazo ambos líderes se encuentran en las faldas del Amon Anwar, la “Montaña del temor Reverente”, al sur de la Corriente Mering, en las Montañas Nubladas. Allí Cirion guía las comitivas hasta la cima, en donde revela la oculta tumba de Elendil. En este solemne lugar Cirion cede a Eorl toda la basta región de Calenardhon para que pueda asentarse junto a su gente, en la cercanía de Gondor, y así ambos pueblos puedan defenderse mutuamente. Abrumado por tal regalo, Eorl hace un juramento de eterna amistad entre los Éotheod y el pueblo de Gondor, el cual recibe una respuesta similar por parte de Cirion. Este juramento será nuevamente cumplido más de quinientos años después por el Rey Théoden de Rohan durante la Guerra del Anillo.

En Calenardhon los Éotheod fundan el Reino de la Marca de los Jinetes y ellos mismos asumen el nombre de Eorlingas, los descendientes de Eorl. Posteriormente, el reino llega a ser conocido como Rohan por los gondorianos.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Minas Tirith: Eterna Ciudad Blanca

Autor: Juan José Dobles

En el año 3320 de la Segunda Edad, Elendil y sus hijos Isildur y Anárion llagaron a Tierra Media provenientes de Númenor. En las tierras del sur, dominadas por las Montañas Blancas y el río Anduin, Elendil fundó el Reino de Gondor cuyo gobierno encomendó a sus hijos. El reino estaba dividido en varias regiones, de las cuales las más importantes recibieron sus nombres en honor a ambos hermanos: Ithilien y Anórien. En el corazón de cada región los hermanos construyeron dos ciudades fortalezas gemelas: Minas Ithil y Minas Anor, conocidas al final de la Tercera Edad como Minas Morgul y Minas Tirith respectivamente.
La ciudad de Minas Anor fue levantada en el extremo oriental de las Ered Nimrais, las Montañas Blancas, sobre el espolón más oriental del monte Mindolluin conocido como la Colina de la Guardia. Su nombre original significaba “Torre del Sol” en la lengua sindarin. Su principal función era servir como bastión militar para proteger las provincias occidentales de Gondor. Tras la caída de Minas Ithil al comienzo de la Guerra de la Última Alianza en 3429 SE, Isildur logró escapar llevando consigo una semilla del Árbol Blanco que había comenzado a crecer en esa ciudad, el cual a su vez era descendiente de Nimloth, el Árbol Blanco de Númenor. Dicha semilla se plantó en la Ciudadela de Minas Tirith, convirtiéndose desde entonces en símbolo del poder real de Gondor hasta el año 2872 TE, cuando se marchitó tras la muerte del Senescal Belecthor II.
Minas Tirith fue destruida durante la Guerra de la Última Alianza, y reconstruida como residencia de verano de los reyes por el Rey Ostoher en el año 420 TE. En el año 1640 TE se convirtió en la capital de Gondor por orden del Rey Tarondor, producto de la decadencia de la hasta entonces ciudad capital de Osgiliath, la cual había sido destruida durante la Guerra Civil y diezmada por una terrible plaga. Después que Minas Ithil fue tomada por las tropas de Mordor y transformada en Minas Morgul (la Torre de la Magia) en el año 2002 TE, el Rey Earnil II rebautizó Minas Anor como Minas Tirith, la Torre de la Guardia, posiblemente en honor a la fortaleza levantada por Finrod Felagund en el paso del Sirion durante la Primera Edad.
La ciudad de Minas Tirith está construida en siete niveles, cada uno protegido por una muralla de piedra blanca. La Gran Puerta exterior y la puerta del último nivel se abren hacia el Este; las puertas intermedias están colocadas de manera escalonada mirando primero al sur, luego al norte y así sucesivamente, de tal manera que el camino sube zigzagueando hasta el último nivel, permitiendo la defensa de cada nivel de manera individual.
El último nivel está dominado por la Ciudadela, la cual está ubicada aproximadamente a unos 200 metros sobre la planicie de Pelennor en un promontorio rocoso con forma de quilla de barco. La entrada a este nivel está excavada en la roca misma del promontorio, a través de una pendiente alumbrada por faroles. La pendiente desemboca en el Patio del Manantial en el cual crece el Árbol Blanco de Gondor. Alrededor del año 1900 TE, el Rey Calimehtar construyó la Torre Blanca de Gondor coronando la Ciudadela. Tras su reconstrucción en 2698 TE por orden del Senescal Echtelion I, la torre fue conocida también como Torre de Echtelion. En su piso superior se conservaba el Palantir de Minas Anor.
Tras la ciudad de Minas Tirith y sobre el estrecho brazo que une la Colina de la Guardia con el Mindolluin se encuentran los Recintos Sagrados, lugar de descanso de Reyes y Senescales. Esta zona está dentro de los muros del quinto nivel, aunque su ingreso sólo es posible siguiendo la Rath Dínen (Calle del Silencio), la cual nace en el sexto nivel y cruza Fen Hollen, la Puerta Cerrada. Dicha entrada permanece custodiada todo el tiempo y sólo es abierta para los funerales.
Junto al muro del sexto nivel, mirando hacia el sur, se encuentran las Casas de Curación, el hospital de Minas Tirith.
Los Campos de Pelennor se extienden alrededor de la ciudad hasta alcanzar los márgenes del Anduin. Ante el despertar de Mordor y el abandono de Ithilien en 2954 TE, el Senescal Echtelion II construyó las murallas de Rammas Echor como un sistema defensivo alrededor de Pelennor. El muro tiene una longitud de cerca de 40 kilómetros, varios de los cuales los recorre siguiendo el Anduin. Tres o cuatro millas al sur de la ciudad se encuentra el puerto de Harlond, aún dentro de los límites del Rammas Echor.
La ciudad es conocida por los rohirrim como Mundburgo.
En el año 3019 TE, Minas Tirith sufrió el más duro de los sitios de la Guerra del Anillo, el cual duró desde la noche del 13 de marzo hasta el amanecer del 15 de marzo. Los ejércitos de Mordor liderados por el Rey Brujo de Angmar lograron abrir brechas en el Rammas Echor y barrieron con Pelennor, llevando la pelea hasta las puertas mismas de la ciudad. El 14 de marzo las catapultas incendiaron el primer nivel de la ciudad y los nazgul desmoralizaron a los defensores. Al día siguiente, antes del amanecer, la Gran Puerta fue destrozada por el monstruoso ariete Grond, permitiendo la incursión de los atacantes y obligando a los gondorianos a replegarse al segundo nivel. La llegada de los rohirrim liderados por el Rey Théoden y el auxilio de Aragorn desde el Anduin detuvieron el ataque y permitieron el rescate de la ciudad.
Posteriormente, el Rey Aragorn II Elessar restauró el primer nivel y encomendó la reparación de la Gran Puerta a los enanos de Aglarond. Esta quedó más hermosa y fuerte que nunca, pues los enanos liderados por Gimli la reconstruyeron utilizando mithril y acero.

Gondor según Platón
En el año 1602 el filósofo, mago, astrólogo, profeta y agitador político Tommaso Campanella (1568-1639) impulsó la construcción en las montañas de Calabria (suroeste de Italia) de una ciudad utópica, un centro urbanístico de tipo mágico-filosófico que se convertiría en el último eco renacentista de la Ciudad Platónica. La llamó “Ciudad del Sol”. Esta urbe sería edificada sobre un espolón de las montañas, dominando las llanuras circundantes. Su estructura se basaba en siete círculos concéntricos construidos de forma escalonada, permitiendo a la ciudad levantarse hacia los cielos, como una montaña o pirámide. Los círculos concéntricos vistos desde arriba serían la perfecta imagen análoga al sistema cósmico toloméico. En el último nivel de la ciudad, situado en el centro, se levantaría un templo mágico desde el cual el Gran Metafísico (filósofo-mago regidor de la ciudad) buscaría las adecuadas influencias planetarias que permitieran la felicidad en cada habitante de la urbe. El proyecto de Campanella terminó en conflicto con las autoridades españolas, las cuales lo arrestaron y condenaron a 28 años de cárcel.
La similitud entre la frustrada Ciudad del Sol y Minas Tirith son sorprendentes, aunque no debería extrañarnos. Como académico que era, el Profesor Tolkien tenía acceso a los estudios filosóficos que han marcado la historia del ser humano. La Ciudad Platónica en este caso es un concepto que ha dado origen a muchas leyendas y ha interesado a eruditos desde su concepción dentro de las ideas del neoplatonismo.
Platón expone dentro de su obra La República el concepto del ciudadano ideal con relación a la ciudad ideal: una utopía de comportamiento ético de los individuos en relación con el funcionamiento del Estado. Esta idea fundamentó la visión de un orden moral personal en relación con un orden universal (microcosmos-macrocosmos).
Durante el Renacimiento los urbanistas recuperaron esta idea platónica, influenciados por humanistas y arquitectos como Leon Battista Alberti (1406-1472). Para estos edificadores neoplatónicos debía existir un medio-cosmos que interconectara al individuo (microcosmos) con el Universo (macrocosmos). La respuesta era obvia: la Ciudad.
Dentro de este pensamiento la ciudad es pensada como prolongación de los individuos que la habitan, siguiendo un ordenamiento orgánico basado en la ubicación de las tres “almas del hombre”: racional (acrópolis), pasional (mercado o ágora) y concupiscente (tejido urbano o murallas). La ciudad es tanto Axis-Mundi (representación del cosmos) como reflejo del Ser Humano.
Todas estas ideas han sobrevivido en el pensamiento hasta nuestros días. Tolkien mismo dentro de su experiencia religiosa dentro del catolicismo podía constatar esta influencia a través de la belleza arquitectónica de las catedrales europeas: testigos de una búsqueda por reflejar el cosmos mítico en la arquitectura.
En el caso de Minas Tirith existen tres aspectos interesantes con respecto a la idea de la Ciudad Platónica. Como reflejo del cosmos, la ciudad está conformada por siete círculos concéntricos: los siete círculos que conforman la idea cristiana del cielo. El círculo más externo es el más débil, el que puede ser fácilmente quebrantado por las fuerzas de Mordor (¿el pecado?). El último círculo está más cerca del cielo. En él se guarda el Árbol Blanco y el Salón del Trono (¿el alma?). Como reflejo del hombre Minas Tirith posee murallas de piedra blanca, símbolo de la pureza que se esperaba de sus habitantes (nótese un simbolismo similar en la ciudad élfica de Gondolin).
Por último y uniendo ambos conceptos, Minas Tirith es una fortaleza majestuosa que representa el espíritu de vigilancia, resistencia y lucha de los gondorianos. Desde sus muros se puede distinguir las ruinas de la antigua capital Osgiliath a ambos lados del Anduin, y más allá, las Montañas de las Sombras, la frontera de Mordor. El Sitio de Minas Tirith representa la lucha de Gondor (macrocosmos) y sus habitantes (microcosmos) por la supervivencia: así como el primer nivel fue consumido por las llamas, de igual manera gran parte de Gondor fue arrasada por las tropas de Mordor, gran parte de sus habitantes fueron aniquilados. Pero el corazón de Gondor, la Ciudadela, se mantuvo intacta; al igual que el alma de los gondorianos, retando a sus enemigos hasta las últimas consecuencias.
La salvación de la ciudad es también la salvación de todos los hombres en contra de la maldad.